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El cuestionario de idoneidad: por qué su banco le hace tantas preguntas

Antes de recomendar una inversión, una entidad debe conocer a su cliente. Para qué sirve el cuestionario y por qué conviene responder con sinceridad.

Una obligación que protege al cliente

Quien acude a un banco o a un asesor para invertir recibe un cuestionario, a veces extenso. No se trata de burocracia por burocracia: la normativa sobre servicios de inversión de la Unión Europea, el Reino Unido y muchos otros países exige que las entidades recaben información sobre el cliente antes de asesorarlo o de gestionar su cartera, de modo que recomienden únicamente lo que se ajusta a esa persona.

Esta evaluación se denomina idoneidad. Si falta la información, la entidad no puede prestar esos servicios.

Los tres ámbitos de preguntas

El primero es el de los conocimientos y la experiencia: qué instrumentos conoce, qué operaciones ha realizado ya, cuál es su formación o su profesión. Ayuda a determinar si es capaz de comprender los riesgos de lo que se le propone.

El segundo es su situación financiera: ingresos, patrimonio, compromisos y deudas. Ayuda a determinar qué nivel de pérdida podría soportar realmente sin consecuencias para su nivel de vida.

El tercero son sus objetivos: durante cuánto tiempo prevé mantener el dinero invertido, para qué lo destina, qué nivel de fluctuación está dispuesto a aceptar y cuáles son, en su caso, sus preferencias de sostenibilidad.

Por qué responder con sinceridad

La tentación es doble: declarar más experiencia de la que se tiene, para no quedar mal, o más apetito de riesgo, para acceder a productos con una rentabilidad esperada mayor. En ambos casos el resultado es un perfil que no se corresponde con la persona y recomendaciones que no le convienen.

El perfil que resulta del cuestionario es la base sobre la que la entidad responde de su conducta. Un perfil inflado debilita la propia protección para la que existe el cuestionario. También ocurre a la inversa: si la persona que está al otro lado de la mesa le sugiere las respuestas «correctas» para que un producto encaje, es una señal a la que conviene prestar atención.

Un perfil no es para siempre

El perfil debe actualizarse cuando cambie su situación: un nuevo empleo, el nacimiento de un hijo, la compra de una vivienda, la proximidad de la jubilación. Las entidades están obligadas a revisarlo periódicamente, pero a usted le interesa comunicar los cambios significativos.

Conocer su propio perfil también resulta útil si decide invertir por su cuenta. Las mismas tres preguntas, qué sé, cuánto puedo permitirme perder, durante cuánto tiempo y con qué finalidad, son las que conviene plantearse antes de cada decisión.

Contenido exclusivamente educativo e informativo. No constituye asesoramiento financiero, fiscal o de inversión personalizado. Toda inversión conlleva riesgos, incluida la posible pérdida del capital invertido.

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